He hecho una adaptación del cuento “Toda clase de pieles”
para niños de 8 años.
Con respecto al cuento en el que me he basado, que es la
adaptación que Irune ha contado y he podido escuchar en youtube, he cambiado
algunas cosas, porque era parte de del trabajo, y he intentado ponerle mi
pequeña aportación y mi propia originalidad. Espero no haberlo variado
demasiado para haber hecho una versión del cuento, y no una adaptación, que es
lo que se pedía.
En primer lugar, he decidido no seguir con reyes, reinas y
princesas porque me parece algo muy típico. Lo he cambiado por una familia, a
simple vista normal. Pero como es una obra folclórica, y quería guardar esos
elementos fantásticos, he hecho de esta familia, personas no corrientes, que
deciden vivir de una manera diferente. Creo que esto podría atraer la atención
de los niños de ocho años, pues están en ese periodo en el que empiezan a
preferir obras más realistas, pero no terminan de desprenderse de los elementos
fantásticos que les hacen desatar su imaginación. Es por eso que he intentado
llegar a un punto intermedio con los personajes.
También he intentado seguir el esquema de la obra original
(cuando digo original, hablo de la obra de la que yo parto para hacer mi
adaptación), donde tenemos como protagonista a una niña sobreprotegida por sus
padres, pero feliz, hasta que se le plantea algo en su vida y debe huir y
enfrentarse a ciertos problemas que le harán crecer y madurar. Hasta
finalmente, conseguir lo que ella quería. Y lo he hecho de manera que este
final, no fuera una simple boda con el hombre de sus sueños (nunca mejor
dicho), si no que, fuera el momento donde ella puede realizarse como persona y
cumplir sus metas personales, como es aprender a leer y escribir, conocer
mundo, y escribir y dibujar sus propios cuentos.
Por eso, los temas principales que pueden atraer a los niños
de esta edad, son lo que he intentado plantear en mi adaptación: “cuentos y
narraciones que presenten al mundo y maneras diferentes de vivir”, “series con
niño/a protagonista que se enfrente a los problemas básicos: el miedo, la
amistad”… a lo que he presentado un problema natural a estad edad, como la
vergüenza, ya que el niño acaba de salir de la etapa del pensamiento intuitivo
para entrar en las operaciones concretas, y ya tiene desarrollado el concepto
de su identidad individual y su autoestima, comienza a empatizar con los demás,
y puede entender las opiniones diferentes a la suya, por lo que puede reconocer
este sentimiento en los demás.
Le he puesto un nombre a la protagonista, pero solo a ella.
En el cuento no hay demasiados personajes, por lo que no resulta complicado
diferenciarlos y me parece que, mientras con la protagonista, la hace más fácil
de reconocer para el lector de esta edad, con los demás, les vuelve más
misteriosos.
La estructura de la obra es la típica de planteamiento, nudo
y deselance. La fórmula de apertura de la obra es algo más original que el
final, que lo he acabado de una manera muy simple.
"Un pajarito me contó, que otro pajarito le había contado, lo
que un pajarito había visto volando por algún cielo un poco lejos de aquí.
Había una familia de campesinos que vivían en el bosque,
alejados del mundanal ruido de la cuidad. Eran felices así, y decidieron que en
aquel entorno, tranquilo y dotado de aquella belleza, podrían traer al mundo a
sus hijos, para que disfrutaran de la naturaleza y escaparan de las
perversiones de la ciudad.
Esta familia soñaba con tener muchos hijos, mucho, y ser una
familia lo suficientemente fuerte como para permanecer siempre unidos y jamás
tener que ir a la ciudad. Odiaban la ciudad.
Pero la realidad fue que solo pudieron tener un hijo. Más
concretamente, una niña, Dafne.
Dafne creció en aquel bonito bosque, rodeada de flores, de
animalitos encantadores, bañándose cada día en el lago y comiendo fruta fresca.
Sus padres le contaban cuentos todos los días y la imaginación de Dafne volaba
y volaba…
Hasta que un día, ella le preguntó a su madre, que qué había
al otro lado del lago. Dafne quería saber, tenía curiosidad por descubrir otros
mundos, por ver otras cosas. Además estaba cansada de jugar sola, ¿Es que no
existía nadie más en el mundo?
Pero su madre le dijo que no había nada interesante, y que no
debía nunca pasar al otro lado del lago. Al mismo tiempo, habló con su marido y
le puso al tanto sobre Dafne. Ella estaba creciendo y era una chica muy lista,
y llegaría un momento en el que no podrían mantenerla para siempre en aquella
casita del bosque. Por lo que el padre de Dafne, decidió que nunca más le
contarían historias. Creían que esto estaba despertando intereses diferentes a
los que ellos tenían, y que quizás, un día, Dafne querría ir a la ciudad a
encontrar algunas de las cosas que ellos le contaban en sus historias.
Al día siguiente, cuando Dafne venía de nadar y soñar en el
lago, notó que sus padres estaban diferentes. Pero no le dio importancia hasta
después de la cena, cuando su madre le dijo que aquel día no habría cuento.
Dafne se fue a dormir muy triste, pero pensó que aquel día
su madre estaría cansada, por lo que se durmió como cualquier otro día. Pero
esa noche Dafne tuvo un sueño diferente. En su sueño aparecía ella en un sitio
donde nunca había estado, donde había muchas niñas como ella y donde había
muchas cosas ricas para comer, la gente reía mucho y todo parecía muy
divertido.
A la mañana siguiente Dafne se despertó y se sentía
diferente. Ya no estaba triste como la noche anterior. Por lo que siguió su día
con normalidad. Pero por la noche, otra vez volvió a suceder lo mismo. Mama no
le contó ningún cuento pero ella volvió a soñar con cosas maravillosas.
Pasaron los días, y Dafne dejó de preguntarle a su madre por
los cuentos. Aquellos sueños que tenía eran mucho mejor que las historias de
mama, que ahora le parecían simples y aburridas.
Una noche, en uno de esos sueños, Dafne pudo reconocer el
lago donde se bañaba cada día. Dafne se veía caminando sobre las aguas en
dirección al otro lado, pero cuando llegaba a la mitad, se hundía. Otra noche, Dafne se veía nadando, pero
cuando llegaba a la mitad, el agua la empujaba hacia atrás, y volvía al mismo
punto. La tercera noche, Dafne soñó que corría alrededor del lago, pero no
avanzaba ni un metro.
Dafne empezó a sentirse mal, los sueños que tenía ya no eran
como antes, no podía ver esas cosas maravillosas porque no conseguía avanzar,
así que empezó a tramar un plan. Empezó a investigar cada tarde un poco más de
los alrededores del lago. Su motivación se veía reflejada en sus sueños, pues
cada día que pasaba, por la noche, Dafne podía volver a ver un poquito de
aquella otra realidad que tanto le atraía.
Un día, sus padres se dieron cuenta de que Dafne ya no se
dedicaba las tardes a bañarse en el lago y jugar en el agua. La siguieron y
vieron que cada día investigaba un poco más lejos de allí. Por lo que
decidieron castigar a Dafne, y no le permitieron volver al lago.
Dafne había prometido que no intentaría cruzar al otro lado
y sus padres le habían descubierto intentándolo, por lo que no se merecía
volver allí. Dafne, que era muy inteligente, intentó engañar a sus padres, pidiéndoles
que si le compraban algunas cosas que
quería tener, ella se quedaría en el jardín tranquila, y no intentaría
volver al lago.
Sus padres sabían que eso supondría ir a la ciudad, pero
decidieron que sería mejor que ellos fueran, a que fuera su niña y sufriese
algún mal en aquel espantoso lugar.
Dafne estaba cansada de vestir con ropas de pieles, hechas
con las pieles de los animales que habitaban en ese lugar, con ella. Quería
llevar otras ropas y pidió un abrigo y un vestido nuevo.
También le pidió a sus padres un bloc de notas y algo para
escribir. No sabía leer y sus padres no le contaban más historias, pero ella
dibujaría todas aquellas hermosas cosas que soñaba.
Sus padres regresaron con la ropa que Dafne había pedido, y
junto a la ropa, la madre de Dafne decidió darle una pulsera que guardaba de
los tiempos en que vivió en la ciudad.
Dafne estaba entusiasmada, tanto que aquella noche no pudo
dormir. Tenía los ojos bien abiertos, tumbada en su cama, solo podía pensar en
la ciudad, en sus vestidos nuevos, y en todo lo que le gustaría hacer.
Y como no había dormido nada, el día siguiente se lo pasó
entero durmiendo. Pero esta vez si que tuvo un verdadero sueño. Soñó con un
mapa, que le indicaba el camino para ir a la ciudad. Por lo que en cuanto
despertó, cogió su nuevo cuaderno y dibujó aquel mapa que tenía en la cabeza.
Dafne no dudó ni un momento, cogió todas sus nuevas cosas y
salió disparada. Sus padres estaban ocupados recogiendo algo para la cena y era
el momento perfecto para escapar.
Encontró rápido el camino, era tal y como lo había dibujado…
pero el final de su mapa no era muy claro, pues Dafne no tuvo tiempo de
terminar el dibujo antes de que se le olvidase.
Acabó perdida en el bosque durante un mes. Estaba cerca de
la ciudad pero se sentía bloqueada, pues no descansaba bien, y no era capaz de
soñar como lo hacía antes.
Durante aquel mes que Dafne pasó sola en el bosque, no hubo
un solo día en el que no utilizase su bloc para hacer un dibujo. Pero el último
día de aquel mes, Dafne se sentía tan cansada y tan enfadada que empezó a
arrancar cada uno de esos dibujos de su bloc y los lanzó por donde pilló. Los
dibujos comenzaron a elevarse con el viento, algunos volaron, otros quedaron
por el suelo. Pero alguien que pasaba no muy lejos de allí, encontró uno de
esos dibujos, y admirado por la belleza del mismo, comenzó a andar siguiendo
otros muchos papeles perdidos, hasta que encontró a Dafne en el bosque.
Estaba irreconocible, se había separado tanto del lago que
llevaba días sin lavarse y vestía las viejas ropas de pieles. Casi parecía un
animal.
Ese alguien que encontró a Dafne, era una señora, maestra en
una escuela de la ciudad, y se acercó maravillada y extrañada a la vez, a
Dafne.
-¿Quién eres tú?, le preguntó
Dafne no fue capaz de responder, nunca había visto otra
persona que no fueran sus padres, y estaba aterrada. Pero aquella señora
parecía amable, y aunque Dafne no dijo ni una sola palabra, la señora la
levantó cuidadosamente del sitio donde se encontraba, casi tirada, y la llevó a
su casa.
Allí le lavó, y le dio algo de comer. Después de todo esto,
Dafne en seguida se quedó dormida. Y volvió a soñar. Soñó con libros, con gente
fantástica y una vida nueva.
A la mañana siguiente, aquella señora le pidió a Dafne que
hiciese un dibujo para ella. Dafne continuó en silencio, pero le hizo un
dibujo, tal y como le pidió la señora.
Pasaron algunos días, y Dafne seguía sin hablar, pero tenía
sueños extraordinarios todas las noches, y hacía dibujos todas las mañanas para
aquella señora.
Dafne comenzó a dibujar todos los días lo mismo. Era el
rostro de un hombre, y todos los días era el mismo hombre. Era algo muy
extraño, la señora conocía a aquel hombre, y no entendía por qué Dafne le
conocía también. ¿Habría visto alguna foto en la casa? No era posible, las
fotos que ella tenía eran de un niño y Dafne dibujaba un adulto, igual que
ella.
Un día, la señora, le dijo a Dafne que se pusiese aquel
vestido que llevaba, que le gustaría mostrarle la ciudad, y después harían una
cena en casa, algo especial.
Dafne estaba realmente entusiasmada. Visitaron la ciudad,
montaron en coche, vieron a otra gente y pudo probar un montón de dulces y
cosas que jamás había imaginado, ni en sus mejores sueños, que existieran.
Cuando llegó la noche, la señora y Dafne volvieron a la casa
para la cena. Dafne se preguntaba que tendría de especial aquella cena, qué
podría ser más especial que aquel día que acababa de pasar. Hasta que llamaron
a la puerta, y ahí entro él, el hijo de la señora. Un joven apuesto que hacía
dos años que se había ido de viaje.
La señora estaba muy excitada. Hacía mucho tiempo que no
veía a su hijo, y además estaba Dafne, esa chica que dibujaba tan bien y que le
había ganado con su dulzura.
Cuando el hijo de la señora y Dafne se vieron, ocurrió algo
muy extraño. Dafne se dio cuenta que era él el hombre con el que soñaba cada
noche. Dafne no entendía nada, ¿Por qué había soñado con aquel joven? Comenzó a
sentirse mal, y visto que seguía sin poder hablar, corrió hacia su cuarto y se
encerró en él.
Aquel joven también se sentía extraño. La cara de Dafne le
resultaba familiar, pero no sabía por qué. Le pidió explicaciones a su madre,
pero era un poco complicado explicar la situación de Dafne, por lo que no le
resolvió muchas dudas, y decidió salir de la casa para que Dafne pudiera
descansar. Esperaba poder hablar con ella otro día y entender la historia de
esa chica.
Dafne estaba muy agitada, y a la mañana siguiente, se vistió
con su ropa antigua, y aprovechando que la señora había salido a comprar algo
de comer, Dafne volvió a escapar, en dirección del bosque. Cuando llegó allí,
para su sorpresa, se encontró con el joven hijo de la señora, quien al verla
con esas ropas no la conoció, pero decidió acercarse a Dafne para ver si
necesitaba algo. Dafne estaba asustada. No quería que aquel chico se le
acercara, le ponía muy nerviosa. Y a su vez, sabía que no podía volver al
bosque con sus padres de nuevo, pues allí no era feliz, y tampoco conocía bien
el camino.
Aquel chico se sentía atraído por Dafne, quería saber de
ella, de donde venía, donde iba, por qué vestía así, así que le cogió de la
mano para intentar retenerla, pero Dafne consiguió zafarse, aunque perdió la
pulsera que su madre le había reglado, en aquel intento de huir.
Dafne corrió hacia casa de la señora, y decidió hablar. Le
contó toda su historia, y esta vez habló, habló sin miedo. La señora le dijo
que no se preocupase y que fuese a quitarse esas viejas ropas y se vistiese con
el bonito vestido que le había comprado su madre.
Ese día, mientras Dafne dormía la siesta, el joven hijo de
la señora, llegó a la casa. Estaba muy confundido y quería contárselo a su
madre. Le contó, que hacía algún tiempo que soñaba todas las noches con la
misma mujer, una mujer misteriosa que vivía en el bosque, por la que sentía muy
atraído. Le contó, que la noche anterior, después de la cena, soñó con esa
mujer, y soñó con un lugar en el bosque, por lo que cuando se despertó, se dirigió
hasta allí, y encontró a Dafne. Dafne era la mujer de su sueño, pero ella había
decidido huir de él, y lo único que tenía de ella era aquella pulsera que había
perdido.
El joven no sabía que aquella chica era la que ahora vivía
con su madre, y su madre, no podía creer lo que estaba pasando. Le pidió que le
enseñara la pulsera que había encontrado, y la tomó, y entró en el cuarto de
Dafne. Le preguntó que si era suya, a lo que Dafne respondió afirmando.
La señora, le pidió a Dafne que saliera de su cuarto, y que
mostrase la misma valentía que había mostrado con ella al contarle toda su
historia, y así hizo. Dafne habló con el joven hijo de la señora y le contó
todo. Y fue entonces, cuando aquel joven comprendió que era Dafne, la joven con
la que había estado soñando.
La señora decidió enseñar a Dafne a leer y a escribir,
mientras que ella y el joven, decidieron casarse. Así, pasaron su vida viajando
por nuevos mundos que le daban a Dafne la suficiente paz como para dormir,
soñar, y después escribir sus propios cuentos.
De esta manera, aquel joven y Dafne, vivieron juntos y
felices para siempre."